lunes, 7 de mayo de 2012

Añoranza y desarraigo

Mi ciudad está desierta, los colores ya no existen, la alegría se marchó, de aquellos que de niña conocí pocos quedan, sin arraigo ni esperanza, pocos sueñan, acaso esperan un milagro, ese que logre sacarlos del marasmo en que viven? día a día.
Por las calles destruidas y ruinosas deambulan los sin nada, la tristeza es la que impera, los carteles y consignas que alguna vez motivaron solo desprecio y burla provocan, es sombrío y tétrico el panorama, cual resto de rabo de nubes que destroza y esparce lo que destroza, así anda el cubano, disperso por el mundo, llevando a cuestas su dolor, su deseo de tener nuevamente patria, de mirar a su alrededor y ver rostros conocidos, amigables, de no escuchar más ( se fué) cada vez que por alguien pregunta, de ver florecer su tierra, no presenciar más llanto y dolor, desesperanza y abandono, de largar de una vez el lastre que ha dejado la epidemia comunista en nuestra tierra, de mirar con fé y optimismo el futuro.