sábado, 2 de octubre de 2010

Las cifras del terror.

El Libro Negro es una compilación de colaboraciones de diversos especialistas. El director de la revista Comunismo, Stephane Coutois, estudioso del sistema Marxismo Leninismo, es el autor del primer trabajo, breve pero enjundioso estudio a guisa de presentación de la obra. Se titula "Los Crímenes del Comunismo" y, entre otras cosas, ofrece esta relación del número de víctimas causadas por los sistemas y partidos comunistas en todo el mundo:

 
 

País o región

Muertos

Unión Soviética

20.000.000

China

65.000.000

Corea del Norte

2.000.000

Camboya

2.000.000

África

1.700.000

Afganistán

1.500.000

Vietnam

1.000.000

Europa del este

1.000.000

Iberoamérica

150.000

Movimiento comunista internacional y partidos comunistas en la oposición

10.000.000


Aunque en el libro se ofrecen diversas "contabilidades", el total de víctimas del comunismo supera el número de 100 millones de muertos. En proporción con el número de habitantes, la mayor cifra corresponde a Camboya, donde Pol Pot exterminó a un tercio de la población.

A estas cifras, Coutoirs suma lo que califica acertadamente como "crímenes contra la cultura". Stalin hizo demoler centenares de iglesias. Ceaucescu destruyó el corazón histórico de Bucarest para levantar nuevos edificios y trazar perspectivas megalomaníacas. Pol Pot hizo desmontar piedra a piedra la catedral de Phnom Penh y abandonó a la jungla los templos de Angkor. Durante la revolución cultural maoísta, fueron destrozados o quemados por los guardias rojos.

¿Cómo ha sido posible que los mayores genocidios de la historia no hayan merecido no ya un nuevo Nurember, sino, simplemente, la condena del mundo entero? Para Courtois, la impunidad de los crímenes del comunismo "no sólo fue posible por la fuerza de la Internacional Comunista y de los partidos comunistas locales", sino también por el silencio cómplice de muchos: "entre los años cincuenta y setenta, cientos de miles de hombres han incensado al gran timonel de la revolución China, por ejemplo, como antes ocurrió con Lenin y después con Stalin".

El autor señala que los métodos puestos en marcha por Lenin respecto al terror -no olvidemos que Djerzinsky crea la CHEKA a los dos meses escasos del golpe de octubre, y que el gulag es creación leninista , luego perfeccionados por Stalin y sus émulos-. Pero después de 1945, la designación del nazismo vencido como "mal absoluto" hizo que "la victoriosa Union Sovietica " y el comunismo basculasen casi mecánicamente en el "campo del bien". Por otra parte, insiste Courtois, "sus símbolos (bandera roja, la Internacional, puño levantado) resurgen detrás de cada movimiento social de envergadura. El Che Guevara vuelve a estar de moda".

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