sábado, 2 de octubre de 2010

Comunismo:Terror y muerte.

Debemos reescribir la historia?, siempre la cuentan los vencedores, de ahí que nunca sea exacta y este cargada con su verdad, sobre todo si es contada luego de una gran y sangrienta conflagración como fue la segunda guerra mundial cuando el nazi fascismo cometió crímenes horrendos contra la humanidad, dejando a su paso huellas imborrables y testimonios crudos de la barbarie, que pudieron ser utilizados como prueba irrebatible de su actuar, quedando en la memoria colectiva como la aberración de conducta más terrible vivida hasta entonces, agrandando la magnitud de la tragedia el lanzamiento por los norteamericanos de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki.

Se imponía tratar de olvidar y mirar al futuro, reconstruir lo deshecho y seguir hacia adelante, con los culpables en manos de la justicia ya no era preciso mirar hacia atrás, eso lo sabían los comunistas, que aprovecharon para ocultar sus crímenes hasta la fecha y con su táctica de mentir siempre y negar lo evidente lograron imponer en casi todo el mundo su doctrina asesina, en esa época nadie habló de los crímenes cometidos por Lenin, quien convirtió el odio entre clases como premisa de lucha para imponer el sistema comunista, implantando el terror y la muerte como método para conseguirlo, seguido luego por Stalin quien se encargó de continuar su obra, enviando a la muerte segura a miles de sus compatriotas al llevarlos a campos de concentración y obligarlos al trabajo forzado, fusilando a otros miles de rehenes en prisión. Solamente por hambruna, táctica que usan los comunistas para mantener el poder y que aplicaron a quienes se resistían a la colectivización forzosa Stalin asesinó a cinco millones de personas. Ellos controlan la totalidad de las reservas de alimentos y los reparten a su arbitrio.

Así tenemos, que al tiempo que los nazis mataban en masa en nombre de su superioridad racial los rusos lo hacían en nombre del comunismo, y practicaban los nazis con sus prisioneros métodos aprendidos de los campos de concentración rusos, todo sucedía al unísono, sin embargo solo sabemos argumentamos y deploramos los crímenes que cometieron los alemanes, ha tenido que pasar mucho tiempo y ha tenido que haber millones de muertos para que hoy se hable y no de manera abierta de los crímenes del comunismo, que llegan hasta nuestros días a ciento veinte millones aproximadamente mientras que los del nazismo llegaron a veinticinco millones, la diferencia es abrumadora, sin embargo no se busca, se juzga ni se condena a los asesinos comunistas como se ha hecho y se hace con cualquiera que tuviera algo que ver con la Alemania nazi fascista.

Resulta por tanto el comunismo tan aberrante, fascista y bárbaro como el nazismo, ya que según su doctrina, una parte de la humanidad es declarada indigna de existir.

Y es esa parte de la humanidad que ellos declaran sin derecho la que tiene el deber y la obligación de levantar la voz y hacer justicia y es el mismo comunismo de hace cien años el que implantó Lenin en Rusia el que actualmente existe en Cuba y el que con el pomposo nombre de Socialismo del Siglo XXI tratan de revivir los comunistas del presente, los crímenes contra la humanidad que han cometido los comunistas tienen que ser juzgados, esos muertos merecen justicia como en su momento la tuvieron los muertos judíos, debemos alzar nuestra voz y que el clamor se escuche en el mundo entero, tenemos que declarar culpables y juzgar a hombres como Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, y tantos otros que los secundan y apoyan en sus crímenes enlutando países enteros, tenemos que reescribir la historia y contarla como es, dando a cada quien el papel que realmente le ha tocado desempeñar en ella, sea de verdugo o cómplice, ambos merecen castigo, tenemos que juzgar post mortem a Ernesto Guevara de la Serna, asesino confeso, tenemos que ilegalizar la doctrina comunista y echarla de manera definitiva en el basurero de la historia, ese es su lugar.

Debemos aprender de nuestros errores para no cometerlos de nuevo, los pueblos tienden a olvidar rápido sus desgracias, de ahí que haya que estar siempre recordando para no vivirlas de nuevo, debemos dar a nuestros muertos el lugar que merecen en la historia.

Isandra Gisbert.

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